De Los Leopardos a Los Grecolatinos

Para la segunda década se fue conformando un grupo de intelectuales interesados en conseguir prestigio, a través de las letras, y poder político. Querían hacer de Manizales un centro cultural y político como Medellín y Bogotá. Sobre este aspecto escribió Keith Christie:

Su giro a la extrema derecha fue casi natural. Durante los años veinte y treinta la extrema derecha europea estaba claramente en ascenso y su éxito le proporcionaba imitadores; Colombia era un país muy católico y el Partido Conservador se identificaba con la feroz y violenta reacción de la derecha española frente al ‘comunismo’ desestabilizador y anticlerical de la república de ese país. Además, Caldas tenía un fuerte Partido Conservador, una influyente infraestructura eclesiástica y una población bastante religiosa en general.

 (Christie, 1986, pág. 192)

Christie agrega que este grupo conservador estaba muy lejos de controlar el partido en el ámbito nacional, pero ambicionaba llegar a la cúspide: esta ansiedad lo llevaba al extremismo, “en un intento de apoderase de las jerarquías del partido feudal por medio de un asalto frontal” (Christie, 1986, pág. 192). La figura más importante del grupo era Silvio Villegas, su carrera en la cultura y en la política la inició con Los Leopardos. Silvio escribió que conoció al futuro leopardo, Eliseo Arango, en el año 1917, en el Instituto Universitario de Caldas.

Silvio Villegas

Venía del Chocó magro y pálido, trabajado por el paludismo y por una fiebre eruptiva de conocimientos. Este suceso iba a ejercer una influencia decisiva en mi vida […] Nuestro ideal no era coronar una carrera sino progresar en sabiduría y en belleza. Muy pronto dejamos atrás los libros escolares para lanzarnos como maratónidas en el vasto estadio de la literatura, de la filosofía y de la ciencia. Todas nuestras lecturas eran precipitadas como si se fueran a cerrar las bibliotecas. De los evangelios pasábamos a Carlos Marx y de San Francisco de Asís a Federico Nietszche […].

 (Villegas, 1937, pág. 75).

Eliseo Arango

Silvio ingresó a la Universidad Nacional en 1920 y al año siguiente empezó a publicar sus primeros ensayos en La República. 

La República de Alfonso Villegas Restrepo era entonces el centro intelectual de la brillante juventud de los claustros. Allí alternaban conservadores, liberales, republicanos y comunistas: Rafael Bernal Jiménez, Gabriel Turbay, Germán Arciniegas, Luis Tejada. Villegas Restrepo los recibía a todos con idéntico fervor, publicando sin limitación alguna, las primeras páginas políticas de la juventud de provincia, recientemente incorporada a la capital.

 (Villegas, 1937, pág. 76).

En La República se conocieron Silvio Villegas, Augusto Ramírez Moreno, Joaquín Fidalgo Hermida y José Camacho Carreño. Era el comienzo de un grupo de intelectuales que darían de que hablar durante varios años. Se reunían en un apartamento en Bogotá y allí discutían sobre literatura y política. El grupo fue bautizado por Ramírez Moreno en memoria de tres ágiles y combativos leopardos de un circo que estaba de visita en Bogotá. Pero fue Germán Arciniegas el primero en lanzar el nombre de Los Leopardos a la opinión pública. El grupo aceptó el reto con un artículo titulado En la Cueva de los Leopardos, publicado en La República. Allí anotaron lo siguiente:

José Camacho Carreño

Los partidos pierden en el poder sus hábitos de lucha; nosotros queremos restaurar para el conservatismo su antigua y noble insolencia. En política lo fundamental es la ofensiva: la defensa es un accidente. Quisiéramos una vasta organización nacional desenvuelta en torno a las ideas tradicionalistas. No se trata de un pasatiempo, ni de una acción aislada […]

 (Villegas, 1937, pág. 77).

En esta declaración lo que se está planteando es la toma de la dirección del Partido Conservador, en crisis, por la larga hegemonía y postrado por el desprestigio de la administración de Marco Fidel Suárez. Silvio Villegas veía con preocupación que 

Toda la juventud universitaria se matriculaba en el Partido Liberal y en el comunismo, no sólo por su tendencia natural a defender las causas vencidas, sino porque la prensa de oposición y, sobre todo, el más tempestuoso de nuestros tribunos, habían convertido el nombre de nuestra colectividad en sinónimo de infamia. Del caudaloso movimiento doctrinario de 1886 no quedaba sino una burocracia reumática, que tenía el poder, pero no los honores del espíritu. Pasada la administración Ospina, que restauró transitoriamente nuestro prestigio administrativo, el régimen ya no tenía servidores sino usufructuarios.

 (Villegas, 1937, pág. 78).

Los Leopardos concluyeron sus estudios universitarios en 1924 pero antes de dispersarse aprobaron publicar el Manifiesto Nacionalista, en mayo de 1924, dirigido a los “hombres jóvenes del conservatismo”. La importancia del Manifiesto radicaba no solamente en las ideas sino en el gesto. “Por primera vez, en muchos años de historia patria, un grupo juvenil reclamaba su jerarquía intelectual, quebrantando la costumbre de que sólo el coro de los ancianos podía dirigirse con autoridad a la nación”. Sobre este importante episodio escribió Silvio Villegas que como era natural el Manifiesto Nacionalista provocó la reacción colérica de los profetas del pasado. Don Marco Fidel Suárez, en la plenitud de su prestigio doctrinario, descargó sobre nosotros el caudal inagotable de su estilo. Parecía Júpiter Olímpico combatiendo contra un descarriado rebaño. Entre otras cosas decía:

Justino – ahora dime lo que piensas sobre la aparición del bloque nacionalista de que se está hablando.

Luciano – Que Dios nos favorezca, libre y ampare de participar en esta andanza; que Dios aparte de nuestras malhadadas cabezas la responsabilidad que nos agobiaría, si nos metiéramos en semejante navegación, la cual parece mandada a hacer para confundir más y para acabar de destruir a nuestro partido y a nuestra causa política.

 (Villegas, 1937, pág. 81).

Después del alboroto que causó El Manifiesto Los Leopardos tomaron diferentes caminos, por algún tiempo. Fidalgo Hermida, el menos ambicioso, terminó en la mediocridad de la burocracia, Eliseo Arango viajó a París y se matriculó en La Sorbona, Ramírez Moreno y Camacho Carreño se vincularon a la carrera diplomática, y Silvio Villegas se encargó, por primera vez, de la dirección de La Patria de Manizales, donde publicó durante cuatro años el credo nacionalista. En 1928 Villegas, congresista por Caldas, fue llamado a Bogotá a dirigir El Debate, un periódico local controlado por El Vaticano.

Los Grecolatinos

Fernando Londoño Londoño

Bibliografía

  • Christie, K. (1986). Oligarcas, campesinos y políticos en Colombia. Bogotá: Universidad Nacional.
  • Villegas, S. (1937). No hay enemigos a la derecha. Manizales: Editorial Zapata.

Para tener información completa, escuchar audio bajo la primera imagen

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