
Se podría pensar que durante los primeros años del proceso colonizador, cuando apenas se estaba organizando la parcela, no había lugar para los juegos. Sin embargo los niños se las ingeniaban para hacer de sus tareas cotidianas momentos de diversión. Muchas de las actividades forzosas como garitear, traer leña, espantar las ardillas y los pájaros de la roza, traer agua y encerrar los terneros, eran desempeñados por los niños con verdadero deleite, por las actividades colaterales que se podían realizar: buscar nidos de pájaros para sacarles los huevos, buscar panales de abejas y coger frutas silvestres. Pero a pesar de las muchas labores los niños y los adultos encontraban tiempo para elaborar juguetes partiendo de los elementos que brindaba el medio.
El primer juguete era el llamado entretenedor y consistía en un pedazo de panela envuelto en un trapo y amarrado a un palito, para que el niño lo cogiera con sus manos y chupara con facilidad. También se utilizaba un gordo de pecho cocinado que las mamás entregaban al niño para que se entretuviera. Debía de ser grande para que no se ahogara; era denominado «Ilamadientes o chupador».
A estos juguetes le sigue el caballito que se confeccionaba partiendo de un plátano verde con cuatro palitos a manera de patas. Las pepas de guama, sin la mota, se colocaban en los dedos, en la nariz y como aretes en las orejas; las pepas servían además, con mota y todo, para lanzar proyectiles oprimiendo con los dedos pulgar e índice. De allí el dicho popular «salió como pepa de guama».
Más tarde los niños elaboraban baleros utilizando congolos y semillas redondas de determinados árboles. También confeccionaban trompos, cometas y zancos. Entre los juegos y entretenimientos favoritos se destacaban:
– Los juegos con corozos. Se partía de organizar «casas» (una casa se componía de tres corozos en la base y uno en el techo), en fila india, para ser tumbados por los tiradores.
-La gallina ciega. Se le tapa los ojos a un niño para que busque a los demás, mientras éstos producen ruidos para tratar de orientarlo.
-Cazar la gallina. Cuando la mamá descubría que una gallina estaba «poniendo en el monte» contrataba a los hijos para que encontraran el nido. El premio era huevo entero para cada uno. Por la mañana, mientras la señora les daba maíz y afrecho, cogía la gallina sospechosa de «botar los huevos», la «tentaba» para ver si tenía huevo para ese día y en caso afirmativo la soltaba dejándole una cabuya amarrada en la pata para seguirle la pista. Aquí empezaba la función para los niños. La gallina se daba cuenta cabal del espionaje de que era objeto, porque hacía mañas de demora, picoteaba aquí, escarbaba allá, caminaba hacia adelante, regresaba, a veces trataba de soltarse la cabuya con el pico, en fin, que, ante la desesperación del muchacho que la seguía, ella no mostraba las más mínimas señales de estar en apuros por soltar su huevo.
El perseguidor iba escondiéndose detrás de las paredes, de las matas de plátano si ya estaba en el solar, detrás de cualquier cosa que lo ocultara, caminando en puntillas, tratando de que su presencia no fuera advertida por el ave marrullera y maliciosa.
Don Albeiro, a veces quedo con la sensacion de mas informacion por parte de sus excelente columnas… muchas gracias por su valiosa informacion
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No viví desde comienzo del siglo pasado, pero si logré hacer muchas de las cosas mencionadas, y les cuento las disfrute, ahora viví los partidos de fútbol después de la escuela eso era lo mejor del mundo, los trompos las bolas de Cristal colecionar estampas de los jugadores de fútbol ir a misa los domingo, en fin disfrutabamos cada minuto de nuestra existencia, gracias a Dios.
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