
Desde 1984 no se enseña la cátedra de historia como una materia independiente. En ese año el gobierno de Belisario Betancur aprobó cambiar la cátedra de historia por una de ciencias sociales que involucrara geografía y democracia; entre todas tenían una intensidad de ocho horas a la semana, pero se dictaban en forma independiente. Esta reforma de Belisario se cristalizó en 1994, con el presidente César Gaviria, cuando las tres materias se integraron en una sola con el nombre de sociales; aunque incluía temas de Constitución Política, la intensidad horaria se redujo a la mitad. De este modo la enseñanza de la historia se fue diluyendo.
Entonces sucedió que las nuevas generaciones empezaron a perder la memoria, llegaron textos y manuales de pésima calidad y la amnesia se fue apoderando del país. El pasado histórico se quedó en los anaqueles, en las estanterías y es conocido que muchas bibliotecas de colegios, de universidades y de los pueblos y ciudades, ya no reciben donaciones de libros, porque no tienen espacio en los estantes; y los libros que primero descartan son los de historia, pues los consideran antiguos, obsoletos y pasados de moda. Los estudiantes llegan a la universidad y encuentran lo mismo: nada de historia; se gradúan como profesionales sin conocer el pasado y no se imaginan para dónde va el país.
Debido al poco interés por la historia Colombia es una de las naciones con menos nivel de patriotismo en el mundo; en este aspecto nos llevan mucha ventaja Cuba y México. Nuestros jóvenes no saben “quiénes hacen la historia y cómo la hacen”, conocen muy poco de Simón Bolívar, de Antonio Nariño, del General Francisco de Paula Santander, de Agustín Agualongo el patriota de Nariño, de Policarpa Salavarrieta y del apoyo al ejército libertador ubicado en los Llanos, de José Antonio Galán, mártir de la Revolución Comunera, del indio Manuel Quintín Lame, del padre Camilo Torres y del inmolado líder Jorge Eliécer Gaitán. Y por supuesto se conoce poco de los movimientos sociales y de las guerras, como la campaña de independencia, los conflictos civiles del siglo XIX, la Revuelta de los Comuneros, el significado de la Expedición Botánica, el papel de los intelectuales en la construcción de la nación, la Violencia en Colombia de mediados del siglo pasado y la violencia del narcotráfico. Y como los maestros no piden a sus alumnos libros de historia, las editoriales empezaron a producir obras pensando en el mercado y en la nueva sociedad de consumo.